Cuando comencé a investigar sobre las Formas Híbridas, me encontré con la disyuntiva de cómo iba a desarrollar y organizar el material encontrado.
Me descubrí inmerso en un mundo que, si bien no me era ajeno, no le había dado mayor consideración que su utilización. Me refiero a que estaba investigando un aspecto social, un comportamiento, un pensamiento del que formaba parte desde mi concepción sin reparar en ello.
Mi primer punto de referencia fue el material impreso de la cátedra, el cual me permitió aclarar conceptos e introducirme a la temática, lo que me facilitó enormemente la tarea de calificar los resultados de mi segundo recurso de búsqueda: Internet.
Internet es un vasto caudal de información que se ha ido acumulando durante muchos años, y, si bien en un tiempo costaba encontrar lo que se buscaba, hoy la tecnología de los buscadores basados en complejos algoritmos matemáticos, nos entregan millones de respuestas a una consulta en segundos. A causa de esto, mi preocupación y ocupación pasaba por saber identificar la información pertinente y clasificarla, respetando un ordenamiento lógico a mis necesidades.
Esta búsqueda constante de información y clasificación me llevó a utilizar herramientas a modo de recursos de aprendizaje que me sumergieron aun más en el objeto de estudio.
Links a páginas de referencia agendadas en mi Teléfono Celular, en mi casilla de e-mail, en favoritos de Firefox; imágenes archivadas en mi Pc, en línea con Picasa, videos descargado de Youtube, backups en cds y en pen drives. Ante tanta diversidad de información y recursos tecnológicos vislumbré lo que sería el punto central de mi trabajo; exponer, según mi experiencia como usuario, los pro y los contras que podrían contener la implementación de esta nueva tecnología en una sociedad tercermundista como la nuestra.-
